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La obra que faltaba en la historiografía de la arquitectura protestante argentina

Comentario sobre el libro “El templo de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires: arquitectura e identidad al servicio de una misión”, de Oscar Andrés De Masi.

Revista Habitat

Por: Revista Habitat

26 de diciembre de 2025

La obra que faltaba en la historiografía de la arquitectura protestante argentina

Palabras de presentación: Andrea Rodríguez Weiss (presidente de la CEABA)
Prólogos del Pastor Emérito Everardo Stephan y del Arq. Julio Cacciatore
Ágape Libros, Buenos Aires, 2023.
231 páginas con ilustraciones.

Por Marcela P. Fugardo

Esta obra del historiador y patrimonialista argentino Oscar Andrés De Masi, integra un catálogo publicado por Ágape Libros, dedicado a la historia y a la estética de antiguos templos porteños, donde ya han aparecido, del mismo autor, los volúmenes relativos a la Iglesia católica romana de La Piedad (2020) y a la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad (2021).

Se suma, ahora, un templo protestante cuya historia comienza el 11 de febrero de 1853 (un año después de la caída del gobierno de don Juan Manuel de Rosas, quien había autorizado en 1843 la práctica pública de aquel culto en idioma alemán) y que marcó un hito relevante para los ritos reformados en el Río de la Plata y, a la vez, para la arquitectura de Buenos Aires.

Aquel día, los protestantes alemanes residentes en la capital de la Confederación Argentina (llamados “evangélicos unificados” desde 1817, para superar el rótulo más arcaico de “luteranos”, frente a los “reformados” calvinistas) inauguraron solemnemente su templo matriz, ubicado en el centro de la ciudad, en la calle Esmeralda números 50, 52 y 54 (hoy 162), muy cerca de la iglesia de San Miguel Arcángel. Ya tenían sus propios templos los anglicanos, los presbiterianos y los metodistas. Ahora su sumaban los evangélicos alemanes. Y las cuatro comunidades compartían un segundo cementerio protestante. Prueba todo ello de que la diversidad de ritos religiosos adquiría visibilidad entre nosotros, agrietando, al  compás de los tiempos nuevos, la hegemonía eclesiástica de la Iglesia Católica Romana y los paradigmas de Cristiandad.

Con la aparición de este edificio, el paisaje de la zona céntrica de Buenos Aires incorporó un nuevo y sorprendente lenguaje expresivo a su  arquitectura: había llegado a estas periferias de la civilización occidental el estilo neogótico, en su más prístino momento de “revival” del siglo XIX. Los soplos del romanticismo europeo barrían con los mandatos del neoclasicismo. 

Como comienza diciendo De Masi, la producción historiográfica relativa a este edificio porteño registra principalmente a tres autores que han escrito y publicado con una rigurosa base documental, en este orden cronológico: el pastor Hermann Schmidt, el arquitecto e historiador Alberto S. J. de Paula y el historiador del arte medieval Francisco Corti. 

Por su progresión, estos tres trabajos deben tenerse por complementarios, ya que aquello que falta en uno de ellos, el otro viene a  completarlo, en lo tocante a la arquitectura. 

Pero he aquí que el Dr. Oscar Andrés De Masi, espigando en los archivos de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires y frecuentando desde hace años las entrañas del edificio (recordemos que es el asesor en Patrimonio histórico y artístico de esa Congregación), viene a llenar los vacíos anteriores, con nuevos hallazgos, nuevas interpretaciones y comprobaciones nuevas organolépticas. Ha construido un conocimiento por andamiaje, apoyándonos sobre los aportes de aquellos autores fiables que lo precedieron, pero sumando su propia mirada crítica del edificio y su propia lectura de las fuentes de archivo. 

Tanto De Paula como Corti detienen su análisis en las reformas ocurridas en 1923 (aunque Corti menciona el vitral colocado en el ábside en 1933), sin llegar a la intervención de Andrés Kálnay, que el autor ofrece, aquí, como novedad. Tampoco se ocuparon los autores previos de los locales parroquiales creados en el marco de aquel programa constructivo. Y, por razones de calendario, ninguno de ellos, fallecidos hace varios años, pudo conocer las tareas de puesta en valor emprendidas durante 2022-2023 y las comprobaciones que de ellas se derivan. Estas circunstancias le añaden mérito a esta obra, donde el autor exhibe, una vez más, su conocimiento de la historia de la diversidad religiosa y de los ritos disidentes de Buenos Aires, su erudición en lo tocante a la gramática de la arquitectura (en este caso, en su vertiente neogótica y con un léxico anglófono muy específico), su experticia como intérprete del Patrimonio monumental, y el pulimento, por momentos atractivamente arcaico, de su pluma. 

Como asesor en asuntos de patrimonio histórico y artístico, tanto de la CEABA como del Cementerio Alemán, De Masi no sólo ha tenido acceso  directo a las fuentes, sino que ha sido portador de ese plus de empatía con el lugar y su memoria inmaterial. Su admiración por los “padres fundadores” de la Congregación y su afecto por sus directivos y feligreses contemporáneos se palpa en estas páginas.

El templo de la calle Esmeralda, proyectado por el arquitecto inglés Edward Taylor y reformado en 1923 por los arquitectos ingenieros Federico Laas y Emilio Heine (h) es el signo edificado y visible, luego de 171 años, de la presencia en la Argentina de una comunidad migrante identificada desde el comienzo con el espíritu y el idioma alemán y con la cultura que ese idioma pronuncia. La “nación” alemana unificada era entonces un anhelo que no hallaba, aún, expresión política y territorial, sino que se manifestaba en un mosaico de ciudades estados o repúblicas libres, desde las cuales llegaban los germano parlantes al Río de la Plata, atraídos por las ventajas del comercio, el artesanado y la explotación rural. 

Pero, además, hay en ese edificio singularísimo una identificación con los principios de la Reforma luterana y sus consensos unificados “evangélicos”. De alguna manera, como explica De Masi, ser alemán y ser protestante en una Iglesia de trasplante eran …conceptos “conjugados” epocalmente, inseparables el uno del otro e inconcebibles el uno sin el otro, del mismo modo en que se conjuga lo cóncavo con lo convexo…

El templo evangélico alemán es, también, el testimonio de una misión y un servicio inspirados en los valores cristianos. Sin perder la filiación religiosa protestante que pervive en la CEABA, De Masi advierte que los herederos de aquella generación fundadora fueron, poco 
a poco, relajando los mandatos de aquel modelo de “germanidad” y abriéndose a nuevas formas de integración con la República. Ni sus iglesias, ni sus escuelas, ni sus clubes, ni su hospital, ni sus cementerios son ya espacios estrictamente étnicos, porque se han hecho plenamente argentinos, aunque la huella del tono alemán los caracterice, sin duda.

Como señala De Masi,… ciertamente, nada hemos hecho nosotros, los argentinos del presente, sin distinción de credo religioso, para merecer este tesoro, material e inmaterial, que nos fue legado y que está allí, al alcance apropiador de las miradas. Porque aquellos antepasados del siglo XIX creyeron en este país y pensaron en el futuro, hoy, este bien cultural y cultual enriquece el patrimonio de nuestro presente y permanece como testimonio tangible de la misión ininterrumpida de la Congregación que lo erigió. Pero nos fue dado gratis, sin mérito de nuestra parte. No lo olvidemos.

En suma, las páginas que siguen ofrecen al lector una historia del templo alemán, su austero equipamiento artístico (donde se destacan los vitrales de distintas épocas y la ebanistería ejecutada en cedro) y litúrgico y sus locales anexos, en sus diversas etapas, lo más completa que ha sido posible compilar hasta ahora.

Y ofrecen, además, el compendio de su estética, cuyo lenguaje expresivo fue una excepcionalidad en 1853, que sufrió reajustes arquitectónicos en 1923, y añadidos decorativos en 1933, todo ello de la mano de diferentes actores artísticos.

Las certezas que ya enunciaron otros autores, De Masi las ha corroborado. Si hubo algún yerro, él ha intentado rectificarlo, con el debido respeto a quienes antes abordaron antes el tema (incluso hasta en el trance de corregir puntualmente a su propio maestro, el arquitecto Alberto de Paula). Los vacíos ha procurado completarlos con nuevas pruebas documentales. ¿Qué más podríamos pedirle a un historiador honesto?

Los prólogos de Everardo Stephan y Julio Cacciatore (fallecido en marzo de 2025) calibran aún más la relevancia del texto, desde lo pastoral y desde lo histórico arquitectónico.

Gracias a este libro breve pero intensivo, ameno pero riguroso, hoy sabemos más que antes acerca de este bien arquitectónico de altísima calidad patrimonial e identitaria, el primer edificio neogótico levantado en el centro de la Capital. Pero no lo sabemos todo. Algunas preguntas aún no hallan respuesta.

Por eso, como reflexiona el autor, “quizá algún día, otra generación de investigadores acierte con las respuestas, demostrando que la historia es un continuum abierto a nuevos cuestionamientos críticos y, con suerte a favor, a nuevos hallazgos heurísticos. Porque aunque los años pasen, la ciudad cambie, y hasta la feligresía se renueve, la iglesia alemana permanecerá en su lugar, y el discurso que pronuncia con su sola presencia, seguirá siendo parte de esa memoria común, con frecuencia envuelta en la bruma del olvido, pero que, gracias a la crónica histórica o al ritual conmemorativo que satisface a las efemérides, cada tanto vuelve a fluir, como el cauce seco de un río antiguo”.

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