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LA IGLESIA ORTODOXA RUSA DEL PARQUE LEZAMA, TESORO PATRIMONIAL DE BUENOS AIRES ENTREVISTA A OSCAR ANDRÉS DE MASI, AUTOR DEL LIBRO ACERCA DE LA HISTORIA Y LA ESTÉTICA DE ESE TEMPLO

Para profundizar en la historia de la Iglesia Ortodoxa Rusa del Parque Lezama, diálogo con el profesor Oscar Andrés De Masi, autor del libro que narra la historia y la memoria identitaria de esta comunidad en Buenos Aires.

Revista Habitat

3 de marzo de 2026

LA IGLESIA ORTODOXA RUSA DEL PARQUE LEZAMA, TESORO PATRIMONIAL DE BUENOS AIRES ENTREVISTA A OSCAR ANDRÉS DE MASI, AUTOR DEL LIBRO ACERCA DE LA HISTORIA Y LA ESTÉTICA DE ESE TEMPLO

Para conocer algo más acerca de ese hermoso templo, que, además, es enclave fundacional de la Ortodoxia en Buenos Aires, hemos dialogado con el profesor Oscar Andrés De Masi (editor adjunto de Habitat), autor de la obra La Iglesia Ortodoxa Rusa de Buenos Aires: historia de su templo y memoria identitaria de su comunidad, publicada en 2021 por Ágape Libros y la Hermandad Ortodoxa San Sergio. Es, hoy, la única obra que aborda en forma completa la historia y el arte de esa Iglesia porteña.

Habitat: ¿En qué momento de la historia de la diversidad religiosa llegan los ortodoxos?

OADM: La llegada de los ortodoxos es un fenómeno de la segunda mitad del siglo XIX, ya dictada la Constitución Nacional y su fomento de la inmigración, con los flujos aluvionales, cosmopolitas y exóticos, que vienen a completar el cuadro de los contingentes anteriores de ingleses, escoceses, norteamericanos, alemanes, suizos, austríacos, italianos, daneses, españoles y franceses. 

Ahora llegan familias e individuos de Rusia, del Imperio Otomano, de Siria, de Polonia, de Serbia y Montenegro, de Bulgaria y de la Dalmacia, de Grecia, etcétera. Y con esos grupos llegan la Ortodoxia y el Judaísmo, para completar el panorama coral de la diversidad religiosa en el país.

La nota constante es que cada comunidad trae consigo una identidad lingüística, cultural y religiosa. Por esto último, cada una de ellas levanta su templo propio, a su debido tiempo. Y esos edificios, que al comienzo eran un patrimonio exclusivo e introvertido de las colectividades, hoy se han convertido en patrimonio común de los argentinos.

Habitat: ¿Cómo se organizó la primera comunidad de ortodoxos? 

OADM: Era una comunidad de varias naciones. Mayormente eran griegos, serbios, montenegrinos, búlgaros, dálmatas y migrantes de lengua árabe (sirios, libaneses, antioquenos) que vivían en La Boca o en Barracas y se dedicaban en gran medida a la marinería.

Curiosamente, eran pocos los rusos, aunque disponían de una Legación imperial. Deseosos de practicar su rito de modo apropiado, formaron una asociación en 1887 y peticionaron al Zar la creación de una iglesia y el envío de un sacerdote. Y lo lograron: en 1888 el zar Alejandro IIIº decretó la creación de la Iglesia Ortodoxa Rusa adscripta a la Legación rusa en Buenos Aires.

Fueron comienzos muy modestos, en una pequeñina capilla improvisada en dos locales alquilados en la calle Talcahuano. Para atender ese servicio llega el P. Ivanoff a finales de 1888. Y el 13 de enero de 1889 se celebra la primera misa ortodoxa en la Argentina.

Se aprovechó esa liturgia para bautizar a niños y niñas. De este modo se va perfilando esa minoría multinacional, pero donde los rusos van tomando el papel más activo, al amparo de un Imperio poderoso y protector de la fe ortodoxa aún fuera de las fronteras de Rusia.

Habitat: ¿Cuándo y cómo aparece en escena el P. Constantino Izrastzoff?

OADM: Lamentablemente el P. Ivanoff debió regresar a Rusia y la comunidad quedó sin pastor, incluso acumulando deudas por el alquiler del local de la capilla. Entonces aparece en escena el P. Constantino Izrastzoff. Era ruso, había nacido en 1865 en Zadore, se formó con notas sobresalientes en la Academia de San Petersburgo y se había casado con Elena Bouhade. Llega a Buenos Aires en 1891, o sea que tenía apenas 26 años.

Pero se caracterizó por tres rasgos de su personalidad: una profunda espiritualidad, un carácter ejecutivo y dinámico, y una vasta cultura y tono diplomático. Él se sabía portador de una misión, y por eso confiiaba en la Providencia como hombre de fe, pero también confía en las ayudas humanas.

Se propuso levantar un templo digno de la Ortodoxia ancestral, pero los efectos de la crisis del 90 en nuestro país le impidieron obtener recursos del crédito local. En 1897 lo encontramos en Rusia, predicando y solicitando ayudas de la familia imperial y del pueblo ruso. Las consigue y con esos recursos, más aportes locales, se levanta el templo. Y ya desde ese momento el P. Izrastzoff se va perfilando como una figura de referencia para los ortodoxos y en especial para la colectividad rusa. Por eso será condecorado por la corte imperial con la Orden de Santa Ana. Y tendrá un papel relevante luego de la revolución bolchevique, en la salvaguarda de la integridad de la Iglesia Rusa en la Argentina y en Sudamérica, y en el rescate de muchos compatriotas en el exilio. A su muerte, en 1953, el general Perón autorizó expresamente que fuera sepultado a la entrada el templo.

Habitat: ¿Cómo se proyectó el edificio?

OADM: En cuanto al edificio del templo, se sitúa en un lugar privilegiado que ya existía como tal y estaba de moda en 1901: frente al parque Lezama, un núcleo conectivo de La Boca, Barracas y San Telmo. Hubo varios proyectos previos pero finalmente se encargó el diseño al arquitecto de la corte imperial y del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa, Timofeievich Preobranszensky, con sede den San Petersburgo. Era un arquitecto de enorme prestigio en Rusia y con una vasta experiencia de formación y de trabajo en París y en Italia.

El estilo podría definirse como “moscovita”, que recibe la influencia de un “revival” de la arquitectura histórica rusa en el siglo XIX y sus notas neobizantinas. Llama la atención el remate con las cúpulas del tipo “bulbosas" que popularmente se llaman “cebollas” Sin duda
es una marca exótica en el paisaje urbano del barrio.

Habitat: ¿Cuál fue el rol del arquitecto Christophersen?

OADM: Si bien no fue el proyectista, el papel de Alejandro Christophersen fue relevante porque aceptó no sólo dirigir la obra y donó sus honorarios, sino porque debió hacer un reajuste de la planta del edificio in situ. Ocurre que el proyecto enviado desde Rusia desarrollaba el templo en el sentido longitudinal del lote, orientando el altar hacia el centro de la manzana. Pero según los preceptos de la liturgia oriental, el iconostasio debe estar orientado hacia el este (o sea, en este caso, hacia el río), por lo cual Christophersen debió “girar” la planta del edificio. Por su rol en este proceso merece que su firma esté en la fachada del templo, como de hecho está, pero quizá un acto de justicia intelectual reclame que también figure el nombre de Prebraszensky.

Habitat: ¿Cuál es el aporte de este libro acerca de la Iglesia Ortodoxa Rusa de Buenos Aires?

OADM: Más allá de los folletos que en su momento publicó el P. Izrastzoff y un artículo breve del historiador Alberto de Paula, no existía en nuestra bibliografía un trabajo que abordara en forma completa la historia de la comunidad ortodoxa, y la historia de este templo dedicado a la Santísima Trinidad y sus aspectos estéticos. En ese sentido, el libro viene a llenar un vacío. Y, además, ha sido patrocinado en forma oficial por la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Habitat: Más allá de la historia y del arte, ¿qué otros valores morales rescata su trabajo?

OADM:  Como todo libro de historia, este libro nos provee un marcadamente relato histórico, que sigue una ordenada cronología fáctica. Pero el relato nunca es un fin en si mismo, sino un medio para activar la memoria de una comunidad y evitar que el olvido haga su obra destructora. La historia de esta Iglesia nos habla de la épica de la inmigración, del valor de la fe, y de la fortaleza identitaria de las minorías. He allí, a mi juicio, el verdadero tesoro que se conserva dentro de la materialidad magnífica del templo. Es una síntesis y una metáfora de la función que desempeña el patrimonio en una sociedad: preservar y resignificar a través de lo material, una memoria y una identidad inmateriales y valiosas.

 

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